¡Bienvenido septiembre!
Seguimos a vueltas con modelos de negocio que necesitan reinventarse para entrar en la senda de la Sostenibilidad real.
Escribo hoy sobre la inquietud que me sigue provocando leer informaciones acerca de la Irresponsabilidad social de algunas compañías, como noticias recientes publicadas este mismo verano.
La primera de ellas, en este caso por un medio gallego y en gallego, ¡una vez más!, sobre nuestro paisano Amancio Ortega y su imperio Inditex (Galicia Confidencial).
Para ir al grano, la primera de las informaciones se resume en el siguiente titular:
«Acusan a Inditex de contribuir a diluír la acción sindical en países como Brasil o Bangladesh».
Y ahondando un poco más, la información cita textualmente lo siguiente:
“Inditex es la compañía que llevó hasta las últimas consecuencias la estrategia corporativa del fast fashion, promoviendo la precarización de las condiciones laborales; una estrategia mimetizada por otras grandes empresas que buscan ganar competitividad con la reducción de costes en sus cadenas de producción”.
La cuestión es que ésta es la conclusión principal de un estudio presentado en la revista brasileña Sociologías, y llevado a cabo por la Universidad de São Paulo (USP) y por la Universidad Estadual de Campinas (UNICAMP).
La segunda noticia tiene que ver con proveedores de viscosa para el sector textil y denunciado por la Fundación Changing Markets, quien publicó este verano un duro informe sobre el impacto ambiental de la industria de la moda.
No suena a nada nuevo; lo cierto, y no menos preocupante, es que la reacción de la mayoría no es de sorpresa. Es algo casi asumido, que como mucho y en el mejor de los casos, genera un cierto desasosiego e indignación pasajera.
Es un sentimiento de inquietud provocado en parte por la incertidumbre. Hay una verdad oculta: para muchos porque el consumismo y la inmediatez extrema impide pensar; para otros porque parece preferible mirar para otro lado y seguir practicando la tan socorrida ignorancia voluntaria; para otros porque genera duda la veracidad de las informaciones, tanto de las que atacan como de las que amparan.
Que me perdonen todos los profesionales dedicados al mundo de la información (una de mis vocaciones frustradas y maravillosa profesión), pero nunca antes había sentido tal escepticismo hacia los medios, venga de donde venga la noticia. La situación actual de manipulación informativa unida a mi pérdida de ingenuidad, me ha abocado a esto. Por otra parte, como leí hace poco en un recomendable artículo, en la era del todo vale en busca de un clic, el periodismo parece más herido que nunca: titulares que te defraudan tras el primer párrafo y redes sociales que parecen tener más importancia que la propia noticia en sí misma.

Cuando oigo al presidente de Inditex hablarnos de la sostenibilidad vinculada al crecimiento del negocio, no me llega, ésa es la realidad. Pero confieso que cuando leo titulares destructivos y demoledores, que atentan contra la integridad de una compañía capaz de generar tanta riqueza y tanto empleo, también se me tuerce el gesto. Entre otras cosas porque si somos objetivos, y dejando a un lado las posibles motivaciones, lo cierto es que ésta y otras compañías, han empezado a cambiar sus políticas introduciendo cuestiones novedosas y necesarias en sus estrategias tradicionales, por ejemplo, la adhesión a iniciativas de sostenibilidad de la FTA, como la Business Social Compliance Initiative (BSCI) y la Business Environmental Performance Initiative (BEPI), para mejorar las condiciones de trabajo en las cadenas de suministro y para facilitar la mejora del desempeño ambiental de productores, respectivamente.
Dicho esto, no creo que las únicas opciones sean elegir entre ser radicalmente condescendientes o implacables verdugos.
Amancio Ortega es una persona que suscita enorme interés. Algunos le atacan, le envidian, hasta le odian y llegan a criminalizarle.
Otros le consideran un referente: es para reflexionar que una reciente encuesta de Educa 20.20 y Fundación Axa, en la que se entrevistó a 5.800 adolescentes entre 16 y 19 años, recoge que las personalidades a las que desean imitar las nuevas generaciones son empresarios exitosos como Amancio Ortega, Bill Gates o Steve Jobs.
Otros simplemente se vuelven locos con su ropa fácil, asequible y que atiende a todos los públicos, con un servicio al cliente y una tienda on line que nada tiene que envidiar a Amazon.
Un sector de la sociedad duda, un sector quizás más comprometido y más analítico (aunque no me gusta etiquetar). Cada vez es más numeroso este público. Se siente confundido y exige transparencia.
En las Escuelas de Negocios se estudia su caso: ¡el hombre que soñó con vestir al mundo e hizo su sueño realidad!
Los medios, da la sensación de que le protegen. Me asombró mucho lo ocurrido en mayo de este mismo año. Se publicó la siguiente noticia: Inditex paga una multa de 1,36 millones en Brasil por trabajo esclavo. Poco después, varios medios cambiaron repetidas veces sus titulares y terminaron contándonos lo siguiente: Zara renueva su acuerdo de responsabilidad con la Fiscalía de Trabajo en Brasil para combatir el trabajo esclavo.
Que cada uno haga su interpretación. Lo cierto es que sea como sea, permitámonos ser pragmáticos: ahí está el dinero, el acuerdo y una lección más (pensemos que aprendida).
Esto me trae a la cabeza otro reciente asunto polémico, en este caso sobre la Fundación Amancio Ortega: Rechazo a las donaciones de Amancio Ortega a la Sanidad Pública. ¡¿Cuál es la frivolidad?!: ¡¿aceptar o rechazar el dinero?! Nuevamente, que cada cual opine como quiera: yo no me atrevería a poner en juego algo tan primordial como la salud bajo argumentos como una inoportuna filantropía ó una dudosa procedencia del dinero. Y personalmente, aplaudo su intervención directa en la gestión de la donación económica, lo cual evitará que alguno de nuestros políticos desalmados decida destinarla a otros asuntos para él prioritarios.
No quiero enjuiciar a nadie. No quiero hurgar en el pasado, ni volver una vez más sobre el mito del hombre más rico del mundo construido a sí mismo.
Sólo vale mirar hacia atrás si es para:
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Que tristes historias no se repitan (que no vuelvan a ocurrir catástrofes como la de 2013 en Bangladesh)
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Erradicar de una vez por todas el trabajo precario de mujeres y niñas en las cadenas de producción globalizadas.
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Asumir la necesidad urgente de abordar el cambio climático y sus efectos directos e indirectos.
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Construir y/ó reconstruir imperios empresariales con muros más robustos y más transparentes.
Concedamos el beneficio de la duda a nuevas intenciones de viejos modelos de negocio (sin entrar demasiado en las motivaciones). Mientras, aplaudamos con admiración y entusiasmo iniciativas como The Circular Project ó Fashion for Good, que promueven una moda desde la perspectiva de la sostenibilidad, respetuosa con los derechos humanos y el planeta, que gusta al consumidor cada vez más consciente y que va ganado adeptos.
Es un reto para Inditex y para otras muchas compañías, menos mediáticas pero que han seguido su estela, demostrar cuáles son sus valores reales hoy y ahora.
Cada vez somos más los que estamos atentos a conocer cómo despliegan, a lo largo de toda su cadena de valor, esos principios que proclaman abanderar, sin romperla en ninguno de sus eslabones y reforzando aquéllos más vulnerables, aquéllos que impactan directamente en los Derechos Humanos.
Detrás de una marca hay personas:
Personas que la han creado, personas que la mantienen viva, personas que viven de ella, y personas que la consumen, haciéndola crecer con esta decisión de compra.
Pero sin duda, todas estas marcas, con las más poderosas y ambiciosas a la cabeza, tienen capacidad de sobra, talento a su servicio y herramientas a su alcance para desplegar su poder hasta donde haga falta, y lo más importante, quiero creer que también tienen humanidad.