El desafío del clima:
¿A qué estamos dispuestos en términos de acción y de renuncias?
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La problemática medioambiental asociada al clima ha alcanzado su máximo apogeo hasta la fecha en notoriedad, y 2020 se presenta como el año que da comienzo a una década decisiva para el planeta.
No pretendo escribir la enésima crónica sobre la COP25, pero no debería finalizar este año histórico sin que hiciésemos el también enésimo ejercicio de reflexión, porque el desarrollo, o será sostenible o no será.
Aquí quedan mis conclusiones.
En el mundo entero somos conocidos por esa cultura tan spanish que nos hace únicos, identificada entre otras cosas, por esta capacidad de improvisación que nos ha permitido situarnos en el centro de la información mundial durante dos semanas. Y hay que reconocer que hemos estado a la altura, destacando el papel protagonista de nuestra ministra – en funciones -, que ha desempeñado un papel de liderazgo para nota, al margen de cualquier ideología política.
El diagnóstico lo tenemos y ya no es opinable. Está sobradamente avalado por la ciencia, de la mano de expertos que hasta hace no tanto, nos lo recordaban a gritos para oídos sordos. Tenemos a nuestra disposición un extenso material sobre el que documentarnos desde diferentes fuentes y perspectivas, destacando el trabajo desarrollado desde su constitución ya en 1988 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, IPCC.
Ahora ya manejamos abiertamente conceptos grandilocuentes, como “neutralidad climática”, “transición ecológica” o “descarbonización de la economía”.
Se necesitan cambios radicales para que la Tierra siga siendo un lugar habitable. Sabemos que esto pasa por impedir que la temperatura media del planeta suba más allá de 1,5°C respecto a los niveles preindustriales. Creo que el debate sobre la línea de base utilizada no es tan relevante, pues está claro que ha habido un aumento drástico en la temperatura global durante el último siglo. Esto parece imparable.
Se necesita de ese glamuroso «GreenNewDeal» para una transformación profunda de la economía, que haga frente a la crisis climática reconocida ya como gran amenaza para la humanidad (The Global Risks Report 2019)
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El papel de tres agentes claves:
1 Gobiernos
No quiero hablar en términos de decepción o fracaso, por tanto, me limitaré a decir que la política parece al fin haber despertado, pero que, como en tantos otros asuntos, politizar es peligroso.
Se han sentado las bases y ahora falta el consenso y los compromisos firmes, pero quizá nunca antes habíamos visto tantos participantes convencidos en la línea de salida, con la mirada puesta de manera unánime en una meta clara y deseada.
El problema es que se retrasa la salida y se decepciona al mundo, posponiendo decisiones ambiciosas necesarias para el trayecto.
En España, nuestro Gobierno aprobaba en diciembre de 2018 la Ley 11/2018 sobre Información No Financiera y Diversidad, sorprendiendo con una mayor ambición que la propia Directiva Europea de la que emana, exigiendo a las empresas afectadas analizar riesgos, implementar acciones concretas y medir resultados en torno a varios vectores ambientales, entre ellos por supuesto, lo relativo a las emisiones y al cambio climático.
Ahora toca fijar reglas de juego claras y exigir rigurosidad en su cumplimiento.
Destacar también el reciente anuncio de que el Tesoro Público se prepara para emitir bonos verdes que contribuyan a financiar la transición ecológica.
2 Empresas
Una parte del sector privado enfoca ya el cambio climático como un riesgo del que se derivan a su vez oportunidades importantes, tanto en términos de negocio como de reputación.
Cada vez con mayor frecuencia, las compañías incorporan a sus estrategias globales aspectos de desarrollo sostenible, abanderando la lucha contra el cambio climático como eje central de sus políticas. Algunas de ellas, con enorme responsabilidad y tomando las riendas por delante de gobiernos y políticas públicas.
A raíz de esta COP25, un gran número de empresas multinacionales se han comprometido a ser climáticamente neutras en 2050. ¡En 2050! Suena bonito, suena lejano.
Otras muchas han hecho lo imposible por no dejar de salir en la foto, porque también esto ha cambiado. Ya no están bien vistas las voces calladas. Pero aún no han dejado muy claro a qué están dispuestas.
Todas las organizaciones deberían hacer suyo el eslogan #tiempodeactuar:
objetivos, acciones, recursos, indicadores, reporte
Qué mejor momento para hacerlo que 2020, a diez años del horizonte temporal de nuestra Agenda de Desarrollo Sostenible 2030.
3 Sociedad civil
Por un lado, clamor popular con varias connotaciones interesantes:
- Al fin se ha comprendido el vínculo rotundo entre contaminación y salud (la OMS no deja de lanzar mensajes de alerta).
- La lucha contra el cambio climático es también una cuestión de justicia social que proteja a los más vulnerables.
- Se afina la protesta, hablando de necesidades concretas relacionadas con la conservación de los ecosistemas y aflorando el concepto de capital natural.
En contrapartida, muchas personas siguen aferrándose a ese recurso común del ser humano que mira a los otros como causantes y remediadores necesarios de los problemas. Quizá sería conveniente recordar de dónde procede el CO2 y que éste no entiende de fronteras.
Ante el fenómeno “FridaysforFuture”, al que se han sumado de manera rotunda esas futuras generaciones que ya son presente, lideradas por la mediática (admirada y odiada) Greta Thunberg (Persona del Año 2019 para la revista Time), yo me pegunto cuánto hay de coherencia y de renuncia en la forma de vida de esos millones de jóvenes de todo el mundo que se unen a su lucha en busca de un futuro más sostenible. En cualquier caso, bienvenidas sean sus voces y el ruido de fondo. Que no cese, que no dejen de recordarnos cada día, nuestra responsabilidad.

Y aquí retomo mi pregunta inicial: ¿A qué estamos dispuestos?