Una reflexión sobre el reporting ESG en época de rebajas

UN AÑO MAS TOCA REPORTING DE SOSTENIBILIDAD ESG

Tiempo de rebajas y procesos de reporting, fenómenos que por momentos nos pueden hacer perder la cabeza.

También podría parecer que estamos de rebajas en el propio reporting, gracias a la simplificación regulatoria que nos regala un descuento en plazos y exigencias. Pero, aun así, muchas compañías se ven inmersas ahora mismo en, como mínimo, dar cumplimiento a nuestra famosa Ley 11/2018. Ya han pasado unos años desde el susto que esta ley daba allá por el comienzo del 2019, pero a veces parece que seguimos anclados en ese momento.

Me veo un año más en la batalla del dato, que a veces me recuerda a ese “juego del rasca”, a ver si nos ha tocado una menor huella de carbono, una frecuencia mayor de accidentes laborales, un terrible número de horas de formación por empleado o unos favorables porcentajes en la evolución de nuestros consumos.

Aproximadamente entre los meses de enero y marzo, la sostenibilidad alcanza su máximo apogeo, volviéndose más presente de lo habitual, por una razón de cumplimiento y básicamente para poder cerrar las cuentas anuales. Es momento de que aflore la información “no financiera”, ¡y aquí vienen las sorpresas!

Veo casos en los que es época de mirar de frente a la sostenibilidad después de un año dándole la espalda; momento que además se percibe como molesto, casi como enfrentando con resignación al enemigo, apenas como aliada estratégica. Y un año más, y ya van unos cuantos, seguimos luchando para cambiar ese enfoque y aportar más sentido común.

No me refiero a grandes compañías o multinacionales cotizadas con una larga trayectoria en estos asuntos; me refiero a un porcentaje muy elevado de empresas de nuestro país que se ven afectadas por requerimientos legales, de inversores, de grandes clientes, que resultan especialmente abrumadores si el enfoque no es el correcto.

Al margen de leyes y estándares, que en mi opinión acaparan demasiada atención en los debates sobre sostenibilidad, estamos a tiempo de simplificar y de reconsiderar cosas muy básicas como:

El dato en sí mismo

Es el tesoro buscado por todas las esquinas de la compañía, en muchos casos un dato escondido que hay que rebuscar o al que nadie antes había prestado atención. En el peor escenario, un dato que hay que “estimar” confiando en que el verificador de turno lo dé por válido (seamos realistas: los procesos de auditoría dejan mucho que desear, con un marco legal difuso que lo permite). Pongamos en valor el significado y el valor de ese dato.

El dueño del dato

Esa persona que no siempre tiene clara la necesidad ni la importancia de su tesoro; hagámosle entender la relevancia de disponer de él con rigor y trazabilidad, no solo para el reporte, sino para la gestión pura y dura del día a día. Quizá basta con tener una hoja de ruta definida y comunicada, y una formación básica que permita comprender el nuevo rol, tanto de la compañía como de cada una de las personas que la integran.

El sentido del dato

El avance o retroceso en una determinada cuestión no puede ser producto del azar, que además justo se descubre en el momento del reporte, como quien juega a ese rasca de la lotería que mencionaba antes. Resultados inesperados y sin justificación, ¡incluso cuando son buenos! Evitar esto pasa también por definir objetivos, acciones y un seguimiento continuado: integrar la sostenibilidad real en los procesos y en la gestión.

Todo esto parece tan obvio, y sin embargo resulta que en la práctica no lo es tanto.

Podemos disponer de herramientas tecnológicas muy sofisticadas para el tratamiento de la información; hay multitud de ellas en el mercado y hay quienes piensan que con una de estas será suficiente. Como experta, me preguntan a menudo cuál será la mejor, pero si falla lo básico, sirven de poco.

En esta época, para contrarrestar a veces los sinsabores de los ejercicios de reporte, no puedo dejar de decir por aquí que un año más tengo la suerte de haberlo empezado con mis querid@s alumn@s del Master Executive en Sostenibilidad ESG de #EOI, precisamente con la materia de “Gestión estratégica”, lo que más me ilusiona. Como viene siendo habitual, es un grupo muy potente, con un extra de motivación contagiosa, con el que compartir y del que aprender, con una conversación que en este contexto académico fluye sin riesgo a decir algo inoportuno o incómodo, sin necesidad de complacer apoyando (silenciando) un enfoque erróneo y un discurso vacío, pero casi inevitablemente aceptado.

El proceso de reporting anual debe evolucionar; qué sensación tan gratificante cuando se percibe este avance y qué desaliento cuando un año más se termina de la misma manera.

Quizá esté bien pensar:

Este año el fin de nuestra memoria no será el descanso, sino que será ya el inicio de la siguiente.

¿Qué marca la diferencia entre una #ESG estratégica y una #ESG estética?

 

Hoy he hecho un parón en el ritmo frenético de cada día y me he tomado la mañana para reflexionar de la mano de ‘ESG Spain 2023: Corporate Sustainability Forum’, el evento anual de referencia en sostenibilidad empresarial en España, organizado por Forética. Un año más, una magnífica organización y una excelente puesta en escena; una ocasión muy propicia para tomar aliento, escuchar ideas relevantes, dejarse inspirar y empaparse de pasión y propósito.

 

Me quedo con muchas cosas, pero hoy quiero reivindicar el protagonismo de la “G” (Gobernanza), incluso de la necesidad de anteponerla a la “E” (Ambiental) y a la “S” (Social), puesto que es crucial para el impulso real de estos otros dos aspectos.

  Es imprescindible un mensaje claro y unánime de

Presidentes, CEO y Consejos,

con señales inequívocas de que esto es prioritario.

 

Porque las personas somos quienes logramos los cambios y solemos distinguir fácilmente la urgencia y relevancia de lo que se nos pide.

Resalto varios aspectos que desde mi punto de vista marcan la diferencia:

 

1 – Liderar con convicción y conocimiento específico en los aspectos ESG.

2 – Fortalecer las estructuras para la gestión de este ámbito.

3 – Establecer políticas que marquen directrices y líneas rojas.

4 – Definir una hoja de ruta clara y realista (a dónde vamos y cuál es el plan, incluso con quién vamos de la mano).

5 – Implementar herramientas para manejar la información (KPI).

6 – Aprobar inversiones (para todo lo anterior: personas, tecnología, infraestructuras).

7 – Comunicar y escuchar activamente.

 

Todo ello en un entorno cambiante donde, además de que existen multitud de riesgos a controlar, también se abren multitud de OPORTUNIDADES.

Hoy me he reafirmado en todo esto que vengo anhelando de manera especial en estos últimos tiempos, quizá porque al fin se intuye más cerca, pero aún a falta de un pequeño impulso que no venga solamente de la inquietud ante la avalancha creciente de regulación.

Probablemente, pase por comprender que esto no es un imperativo o un añadido, sino también una RESPONSABILIDAD ineludible, y que como pudimos escuchar ayer:

 “Sustainability is the business” 

 

Me quedo también con el mensaje final de mi querido amigo Uxío Malvido (World Economic Forum):

Aceleración, Cooperación y Resiliencia pueden reparar un mundo fragmentado.

 

Seguimos a ello. Gracias por leerme.

 

 

 

 

 

La función de la Sostenibilidad en las organizaciones

 

   Podcast

Comparto el episodio de ActualidadSostenible en el que he tenido la oportunidad de charlar con el equipazo de DoGood sobre la función de la Sostenibilidad en las organizaciones. Muy agradecida por su invitación para dar visibilidad a un tema necesario que cobra cada vez mayor relevancia.

Resumo contenidos, opiniones personales basadas en mi experiencia, que me ha permitido en estos últimos diez años ver crecer y evolucionar (a distintas velocidades y con distintos enfoques) a áreas surgidas de unas exigencias ya ineludibles hoy en día para la gran mayoría de las organizaciones.

 

✅ ¿Necesaria un área de Sostenibilidad?

Cada vez más claro. Hay ya mucho contenido que atender, ¡y lo que viene!, siendo una gran oportunidad de aportar valor al negocio, liderando una hoja de ruta definida, que genere un impacto positivo y medible a través de un cuadro de mando adecuado.

 

✅ ¿Dónde la ubicamos?

El área debería estar muy cercana a los órganos de decisión para poder elevar de manera directa cómo los aspectos ESG repercuten en la cuenta de resultados, tanto en términos de riesgo como de oportunidad.

El hándicap al que hacen frente a diario muchos responsables o managers de sostenibilidad es el no estar en el sitio adecuado, con suficiente voz y con suficiente apoyo explícito desde arriba.

Es muy habitual que esta función esté dentro de áreas como Comunicación, Relaciones Institucionales, RRHH, o en el mejor de los casos en Direcciones Corporativas o de desarrollo de negocio, pero son todavía poco frecuentes como tal “Direcciones de Sostenibilidad” independientes, empoderadas y que reporten a una Dirección General, o managers de Sostenibilidad teniendo voz directa en un Comité de Dirección. Y ésta sería la situación ideal.

 

✅ ¿Perfil de sus líderes?

Es el momento de reivindicar esta figura: personas con propósito, pasión y convicciones firmes; excelentes comunicadores para mantener el relato necesario, tanto interna como externamente; perseverantes para incorporar la sostenibilidad de manera transversal, sin grandes disrupciones y tendiendo puentes. Y por supuesto, profesionales con la formación adecuada, con una visión global y estratégica en este campo tan amplio, combinando aspectos técnicos con competencias en gestión y liderazgo.

 

Puede escuchar este episodio en:

Spotify: https://lnkd.in/dUei9x8b

Web DoGood: https://lnkd.in/d-hhqJSc

Ivoox: https://lnkd.in/dSsvJZTz

ApplePodcast: https://lnkd.in/dCtbjbUU

Google Podcast: https://lnkd.in/dbkgRZbM